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Ludivina Garcia
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« : Febrero 07, 2009, 04:04:40 » |
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No queremos abrir un debate sobre la bondad o los aspectos discutibles del proceso abierto, gracias a la Ley de Memoria, en lo que respecta a la nacionalidad, pero la campaña que está llevando a cabo el Partido Popular contra el Gobierno Socialista, sobre una supuesta discriminación en favor de los exiliados nos obliga a aclarar que la emigración económica es la que mayor beneficio obtiene. Y esto no nos parece mal, al contrario nos alegra.
La disposición adicional séptima de la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, (por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura) establece quienes tienen derecho: 1. Las personas cuyo padre o madre hubiese sido originariamente español podrán optar a la nacionalidad española de origen si formalizan su declaración en el plazo de dos años desde la entrada en vigor de la presente disposición adicional. Dicho plazo podrá ser prorrogado por acuerdo de Consejo de Ministros hasta el límite de un año. 2. Este derecho también se reconocerá a los nietos de quienes perdieron o tuvieron que renunciar a la nacionalidad española como consecuencia del exilio.
La novedad del apartado 1, destinada a todos los descendientes de quienes salieron de España, es que permite por primera vez a los hijos nacidos de españoles de origen nacidos en el extranjero, solicitar la nacionalidad. Por esa vía se incluye a un número mucho mayor de nietos de emigrantes anteriores a la 1936, que de exiliados. Esto explica porque la mayor parte de las solicitudes proceden de Argentina y otros países hispanoamericanos, donde se establecieron en términos relativos pocos refugiados (salvo México y Chile)
En cuanto al apartado 2, destinado a los nietos, el Gobierno determinó que se presupone el carácter de exiliado a todas las personas que salieron entre 1936 y 1955, es decir también a emigrantes económicos. Veremos que quienes salieron en esos años de la postguerra más que triplican en Hispanoamérica al número de exiliados.
Entre 1936 y 1946, no hubo prácticamente emigración económica española, debido a la Guerra Mundial, a la inseguridad en el Atlántico por los ataques de submarinos nazis alemanes, y naturalmente a la represión. Entre 1936 y 1946 están contabilizados por el Instituto de Emigración tan sólo 25.691 emigrantes. Pero a partir de 1946 sí, por interés del Gobierno de Franco, y de los gobiernos de algunos países hispanoamericanos. La España de Franco y la Argentina de Juan Domingo Perón, suscribieron, como se sabe, un convenio comercial y de pagos "sin precedentes en la historia económica de Hispano-América", por su cuantía y las ventajas recíprocas. Argentina, Uruguay, etc. se encontraban en un momento de gran expansión de sus exportaciones agrarias y de energía en Venezuela, hacia un mundo destruido por la guerra y necesitaban mano de obra. Cerca de medio millón de emigrantes económicos (entre 1946-1955) salieron hacia América del Sur, excluyendo Chile, lo que naturalmente expresa la terrible situación económica de la posguerra en España: 24.430 al Uruguay, 191.959 a la Argentina, 91.957 a Venezuela, 61.309 a Brasil. Estos 4 países representan el 91,5 de aquella emigración.Sus descendientes son considerados como nietos del exilio de acuerdo con la Instrucción consular. Las cifras del exilio son muy reducidas en Hispanoamérica: en torno a 25.000 personas fueron recibidas generosamente por México, al igual que unas 3.000 en Chile desde 1939. No llegaron a más de mil quienes fueron acogidos en Venezuela, Colombia y otros países en los años posteriores a la Guerra en España entre 1939 y 1945. Los cerca de 6.000 exiliados recibidos por el Gral. Trujillo (cobrando por cada refugiado y con el interés en repoblar la frontera con Haiti) se fueron desperdigando silenciosamente por diversos países. A partir de 1946, menos de 1.000 refugiados españoles, residentes en Francia, fueron desplazados por la Organización Internacional de Refugiados de las NNUU hacia Hispanoamérica. Argentina acogió a 2.951; Bolivia a 920; Brasil a 714; Chile a 776; Colombia a 49 ;Costa Rica a 18 ;Cuba a 61;Rep. Dominicana a 9 ; Ecuador a 7; Guatemala a 232;México a 327 ; Panamá a 5; Paraguay a 21 ; Perú a 72; Uruguay a 237; Venezuela a 2.623. A partir de 1955 que fue el año punta, la emigración económica hacia América Latina fue descendiendo y a partir de entonces se orientó hacia Europa occidental. En Francia, permaneció la mayor parte del exilio: unos 200.000 refugiados. Pero en ese país se nacionalizaron muy pocas personas puesto que desde 1946 la carta de refugiados no les obligaba a hacerlo. Ahí se dieron muchas recuperaciones de nacionalidad de padres e hijos, nacidos de español de origen. Pensamos que las cifras hablan por si solas: la gran beneficiada de esta ley es la emigración económica, sobre todo en América Latina y la Ley de Memoria ha abierto esta posbilidad a prácticamente todos. ¿Alguien se atreve a hacer un ejercicio matemático y establecer la proporción entre la emigración y el exilio? Hay que lamentar que se mantiene la discriminación por sexo de las abuelas que no han podido transmitir la nacionalidad, pero ello no se debió a la voluntad de los legisladores.
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